viernes, marzo 02, 2012

Mientras miro una peli romántico-llorable

Vamos, jurar amor eterno, a pesar de ser conscientes de la inexorable finitud de nuestros cuerpos...

¡Con qué necesidad!

¿Romanticismo?
¿Negligencia a la que somos llevados por el corazón?

(flaco, no podés amar para siempre, ¡¡¿no ves que te vas a morir?!!)

Si uno ama, ama mucho, pero muere,
¿qué pasa luego? ¿sigue amando? ¿SEGUIMOS?

Acotación1: Me pregunto esto en la pausa forzada de la peli que pasan por canal de aire este deprimente domingo a la tarde. OSEA: Es domingo. Estoy sola, con mi alma, un alfajor triple, y Jennifer López...y también Ralph Fiennes.

Acotación2: ¿Por qué me planteo estas dudas-pseudofilosóficas-domingueriles frente a un aparato que no me las va a despejar?)


¿Por qué?
¿Por qué esa necesidad de persistir en todo, por qué no el ahora y ya?

¨Por el simple hecho de que el alma pide a gritos decirlo, jurarlo, pide que enloquezcamos de amor y de felicidad¨ (voz en off, en tono solemne con el que me autohablo, me autoexplico, entiéndase como salida de mí, dando cátedra)

Entonces,
¿por qué no hacerle caso?
¿Por qué callarlo y enfermar?
...

¿Por qué ya no me queda más alfajor?
La autovoz no responde cosas tan complicadas... por ahora.




martes, agosto 30, 2011

Ganas de algo que me incomode y me lleve a escribir algo. Eso tengo. Tal vez no que me incomode, sino que me llame la atención. ALGO. Lo que sea (Pesada).

-Me preparo un té-

¿Por qué esa imbécil necesidad de tener algo que contar?

Basta.

¿Por qué no fluir, sin más? . Y que lentamente queden plasmados, en lo más profundo de mi ser, las vivencias que conciente o inconcientemente desee guardar (Avara).

¡Así! ¡Sí! No... Definitivamente no.

CUCHARA

Que el agua brote, corra, se revuelva, retuerza y congele; que hierva y deje las marcas que tenga que dejar. Y ya. (Azucar a gusto)

martes, enero 04, 2011

Así.

¿Cómo hacés?

Quererte me cuesta nada.

Y es encontrarme en el desenfreno del día a día;
del hacer mucho o el hacer nada.
Y que cualquier cosa tuya baste para sacarme de esta vorágine interminable.

¿De dónde saliste, ladrón de sonrisas?

Y la lejanía, ¡tan complicadamente simple!
que se siente mitad viva y mitad muerta.

Dulce e intensa angustia.

Ese vertiginoso movimiento.
Vagar en confusos remolinos...

Y después vos. Tu mirada.
Y la ansiedad desaparece.

Y súbitamente todo está en orden.
Todo tan calmo En paz. Así.

lunes, diciembre 20, 2010

PASAJE/

La vida, el tan conocido milagro del que hablan y debaten creyentes y no tanto, es efímera. Nacemos un día como cualquier otro; un día que resulta especial para aquellos allegados a quien ha de parirnos, y por qué no para aquella otra persona que, coincidencia de por medio, vive algún suceso fuera de lo rutinario, ajeno a nuestro nacimiento. Y bien podemos sentirnos viajantes en este mundo. Meros pasajeros, que hemos tenido la oportunidad de acceder al boleto de ida a la vida, que gozamos(o sufrimos) este viaje. Ahora bien, releyendo la última oración pienso: ¿tuvimos la oportunidad realmente? A mi nadie me preguntó si quería nacer. Entonces cabe, por qué no, imaginar que hemos sido empujados a realizar este viaje (lo cual, en verdad, suena un poco paranoico y conspirativo). Y este boleto para la vida nos ha sido adosado sin previa consulta, y no acepta devolución alguna.
Ya que somos pasajeros finitos, hemos de devenir en lo que sea que tengamos (¿elijamos?) que devenir. Se suele ver por las calles, a personas que parecen tener mucha prisa para realizar vaya a saber qué-tan-importante-actividad como para evitar respetar los semáforos o el paso a un peatón. En ese momento no queda más que pensar en la negligencia del sujeto que no sólo no respeta su vida, si no que pone en riesgo la existencia de los demás. ¿Acaso tiene tanto apuro? Perder el tiempo es una frase que debería mandarse a guardar por un buen rato. Ella y todos sus matices, desde luego. Sería mucho mejor poder ir más allá de ese viaje-hacia-un-lugar-equis, que tanto dolor de cabeza puede estar causándole a ese hombre que no se cansa de esquivar autos, en una loca carrera hacia un adónde. Traspasar la barrera del tener que llegar a un horario determinado, y pensar, en su lugar, que el estar ahí, en ese momento, ocurre por el simple hecho de que está viviendo. Está siendo. Está viajando en ese tiempo que le fue dado.
Aquí y ahora, podríamos tomar noción de que nuestra vida, es un estado, es un médium, y nosotros, los que estamos vivos, podemos utilizarla, recorrerla, si es ese nuestro propósito. Somos porque devenimos, de lo contrario, podríamos pensar que nunca fuimos. Que todo fue una ilusión y que ese viaje jamás ocurrió. La idea de perder el tiempo, suena a capitalismo. Suena a conteo, a división de nuestro transcurrir, a vigilancia de nuestras acciones. ¿Por qué sentir que viajando se pierde tiempo? Las respuestas pueden ser miles, pero hay una que, en mi opinión, envuelve y contiene a todas: somos concientes de lo efímero de nuestra existencia. La desesperación ante lo que se acaba. Temprana o más tardíamente, habremos sido. Y un pequeño tiempo después, seremos poco más que un recuerdo. Y luego nada. El olvido. Quizás sea esa la razón por la que surge la necesidad de la mayoría de nosotros de, en palabras de Ítalo Calvino, transformar el fluir de la propia existencia en una serie de objetos salvados de la dispersión, o en una serie de líneas escritas, cristalizadas fuera del continuo fluir de los pensamientos.
Nosotros (¿Nosotros quiénes? Nosotros, los seres humanos) somos, por ahora y hasta donde se sabe, lo únicos sujetos dueños de una consciencia. Nosotros, conscientes. Nosotros como pasajeros y como observadores. ¿En qué sentido? Cada mujer, cada hombre pasajero en esta vida, es, también, un sujeto capaz de mirarse desde afuera, y verse a sí mismo como lo que es. Un viajante. Un viajante consciente, que sabe que está viajando. Que esto es un mero pasaje. Y verse como pasajero, es parte de la angustia de todo hombre. Ineludible es, al fin y al cabo, saberse finito. Y siempre, en cualquier planteo está, aunque sea en última instancia, ese elemento central: el tiempo. Lento, denso, suave, o fugaz y bravo cuando lo desea. Cuando cambiamos de parecer, de sentir, sin darnos cuenta. Nos guste o no, el tiempo. ¿Cambiante o eterno? A ciencia cierta nadie lo sabe. Inevitable, sí. Escurridizo, también. Realidad material o idea que se escabulle. Que nos empecinamos en hacer palpable, hacerlo souvenir, recuerdo de nuestro pasaje por este mundo. Fina arena que se nos escapa entre las manos. ¿Abstracción o realidad de la vida?
Por otro lado, sabernos agotables (entiéndase no en el sentido del cansancio) puede constituir un impulso hacia la valoración de nuestro pasar. Pensar lo que pensaba Borges al decir que la muerte es una vida vivida y la vida es una muerte que viene. Entonces, ya que estamos aquí y ahora, ya que no somos pasado y no sabemos si seremos futuro, ya que somos (o nos pensamos) presente, ¿por qué no concentrarnos en realizar este viaje de la mejor manera posible? No dejándonos apresar por el tiempo. No espantándonos ante la finitud del mismo, sino tomando consciencia de eso mismo, utilizándolo en pos de un mejor devenir. No pensar en cuánto tiempo más podremos recorrer este mundo, sino simplemente transitarlo, sin más vueltas y complicaciones que las que se nos presenten a lo largo del camino. Al fin y al cabo, el espacio se mide por el tiempo, y las distancias varían según como se lo considere al mismo. Cabe desear, entonces, que seamos buenos viajeros.

miércoles, octubre 27, 2010

Pausa.

Hace unos días me di cuenta que


Una y otra vez volvés a mi
En las situaciones más inesperadas,
en cosas insignificantes. Volvés.
Como una sombra. No acechante.No.
Como una caricia, cálida.
Un dolor dulce. Raro.
Una mueca de tristeza y luego, felicidad.
Un vacío en el pecho, con sonrisa.
Una falta momentánea aunque eterna. Un nudo en la garganta.
Pensamiento evanescente. Pausa en lo cotidiano y ganas de llorar, que se esfuman en segundos.
No hay nada que hacer. Vuelvo al monitor. No, ya no estás acá.

domingo, septiembre 12, 2010

Pan lactal bólido

Un pan lactal con ruedas es un 15. Tendría que ser, eso sí, uno diet. Por lo verde, digo, ¿no?

Los primeros calores de la primavera, de esos post-Santa Rosa, que tan bien se sienten, me empujan hacia el sol cálido, ni muy muy ni tan tan, simplemente ideal. Y el aire con olorcito a pasto recién cortado. Todo parece ser más leve, más bonito, menos terrible, más vivible(entiéndase: posible de ser vivido de manera más amena por la persona) cuando se respira un día agradable.

Pero ahora ya es oscuro.
Entonces, el 15 que llega, que abre sus puertas, que me invita a subir (no sin antes pagar una módica suma de 1.75 pesos, nada es gratis en la vida).

Y me pasa. Siempre me pasa: mirar afuera. Pero hacerlo con la intención de captar en verdad el adentro. El interior del colectivo. DigamoslóN: una gran técnica para observar a la gente sin que se sienta observada.

Entonces, las vías del Mitre, que llegan, que hacen que el quince pare, que hacen que mire el barrio chino, que hacen que piense: Belgrano. Bel Grano. Grano Bello. Y así, infinitas conexiones absurdas. Una espiga de maíz a caballo...

Pero hoy es distinto. Miro hacia afuera. Y un hombre que camina por Montañeses traspasa por la mitad a uno de los que viajan parado en el colectivo. Otro hombre está sentado arriba de un auto verde oliva. El semáforo cambia de rojo a verde y mágicamente, el susodicho pasa a levitar sobre el asfalto. Lo sobrevuela pero sin mover un sólo musculo. Sin cambiar la posición que tenía cuando reposaba cómodamente sobre el auto verde oliva, ¿me explico?

Entretenida y feliz de haber encontrado una actividad que cortara esa densa vuelta-a-casa-con-embotellamiento-y-bocinazos, sigo mirando. Cabezas con autos. Transeúntes entre carteras y mochilas de pasajeros quinceros...

¡Qué cosa rara! ¿Habré visto mal?
Entonces, un par de pensamientos me encuentran.Hay cosas que están mal-vistas, y entonces la gente decide no verlas. Pero quizás este no sea uno de esos casos... Qué importa, falta menos para llegar a casa.

martes, agosto 10, 2010

Doña ¨Medaunamoneda¨

¡Subí la ventanilla querido!, exclama Felicitas Medaunamoneda Etchebarne Montes de Oca a su hijo Adam. Ella, una señora DE BIEN.

Es increíble (mente triste) la cantidad de excusas que puede inventar una persona para no dar 2 pesos, o comprarle un pancho a un nene o nena. El, que tiene el HAMBRE y el FRÍO tatuados en su mirada. ELLA,que siente vergüenza por mendigar.
Indigna.

Vayan con Dios,pero... ¡Tengan cuidado! que los negros están por todas partes ahora, vistes.

P L U R ª L E S / Benedetti

** *Hay ayeres y mañanas,pero hay hoyes***